Breve reseña de Almas muertas.

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A pesar de ser escrita hace algo más de un siglo y medio, la novela de Nikolái Gogol, Almas muertas, se lee con inquietante familiaridad. Sus personajes, indudablemente alimentados de aquellos con los que convivió Gogol en su corta vida, están llenos de rasgos perfectamente identificables en nuestra sociedad. Es la espléndida descripción de los escenarios -casas, hostales, paisajes, haciendas, carruajes, suculentas comidas abundantes en pescados de río, bebidas que como ríos corren por las insaciables y siempre secas gargantas-, la que nos permite ubicarnos exactamente en la Rusia rural que conoció, sin duda, el autor.


Imagen 1Es evidente que Gogol perseguía con esta novela una dura crítica a la vacuidad y corrupción de esa sociedad, sin embargo, el tema, espinoso e irritante, fluye en la novela con total naturalidad de la mano del protagonista Chichikov, quien nos va introduciendo en la intimidad de las casas y vidas de sus propietarios, dejando muy claro el carácter hospitalario y envolvente del hacendado ruso. 


Imagen 3La amplia gama de personajes, caracterizados con mucho realismo, nos dan un vivo retrato de la época. Una historia que en ningún momento abandona el toque de humor que descansa en la natural astucia del pobre –hago especial mención del cochero Selifán-, y la ridícula avaricia del inconforme.

Es una novela para disfrutar. 

 Claudia D.G.

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Nostalgia

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Chagall

Marc Chagall

 

Cuántas cosas ya no compartimos,

cuán distante y cambiado te encuentro,

no sé si tu mundo, para mi desierto,

esconde un vestigio,

una sombra,

un recuerdo de lo que fuimos y ya nunca seremos.

No sé siquiera si puedo pensarte.

Evito el hacerlo.

Andando,

busco a lo lejos,

siempre a lo lejos,

el tibio destino que un día fue nuestro.

¿O acaso fue un sueño?

Claudia DG

 

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ECOMUSEO PANCHITO

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Las barreras del silencio se rompen al atravesar la pequeña puerta, esa que parece pertenecer a una casa de muñecas, pero no, es la puerta de la casa  cueva, la mágica puerta que al ceder su cerrojo, nos adentra en un mundo distinto – no muy lejano -, un mundo íntimo, de hermosa sencillez.

- Buenas tardes Panchito, he venido a conocerlo.

La luz del patio me hace un guiño y me invita a pasar. Y paso con la sonrisa tonta de los enamorados.

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Camino por el patio sobre las huellas de aquel instante capturado por la cámara, porque quiero tocar el banco que veo en la foto, porque quiero una foto en el banco que toco – en su rincón de trabajo -.2

A la izquierda, en la habitación cueva, el almacén donde apila los sacos de barro, las herramientas: el aro de hierro (de los toneles de vino) para desbastar la pieza y dejarla tan ligera como fuera posible, había que pensar en la venta itinerante, las piedras lisas de mar: curvas, planas, de punta,  para raspar, alargar, bruñir el barro, la caña como punzón para decorar la pieza, el molino de piedra para triturar el almagre, los recipientes donde se vertía el agua traída del barranco, tan necesaria para su trabajo, y tan ausente en aquellos riscos de La Atalaya. Agua que de tanto aprovecharla se convertía en lodo, también utilizable como pegamento en el proceso de creación de la pieza. La jaula de pájaros, la hornilla, la cazuela para asar castañas…

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A la derecha, en otra burbuja de roca, su dormitorio. Una cama, una cómoda, y algunas vasijas de barro – enceres de cocina hechos con sus manos -, estos son los utensilios de diario, que lo adornan y ennoblecen.

En una pequeña mesa de noche  sus zapatillas.SONY DSC

- Maestro, he llegado a intimar con usted más de lo que quizás hubiese usted permitido; pero ver que su calzado carecía prácticamente de suela, no hizo sino engrandecerlo ante mis ojos.

Algunas de sus hermosas piezas de barro, aquellas que fueron hechas con arduo trabajo para atenuar las duras carencias en las que entonces se vivía, hoy lucen en las hornacinas de su casa cueva, colocadas por aquellos que presumen de haberlo conocido, como queriendo decir:

- Este es Panchito, nuestro Panchito. El Maestro Locero de La Atalaya.

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A ellos doy las gracias.

 

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Purga

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PURGAEsta novela de Sofi Oksanen – escritora finlandesa – cayó en mis manos por casualidad. Para aquellos que han vivido o sufrido un régimen totalitario y que ya se encuentran fuera del alcance de sus garras, leerla les puede causar irritación, sentimientos de impotencia, sonrisa amarga, suspiros, enfurecimiento: algo así como ponerte a hablar solo contestándole al descerebrado personaje, que no es más que aquel que te fastidió la vida en tu país, y por el que te encuentras viviendo como exiliado con toda tu familia, amigos y antiguos enemigos.

Es una historia muy potente y muy bien contada, hay todo un trabajo, diría yo muy difícil, donde la escritora, con éxito,  consigue mantener al lector en vilo. Nunca dejan de suceder cosas, como en la vida, ningún personaje sobra, cada uno encarna un rol social, algunos tienen una fuerza arrolladora. La novela viaja en el tiempo constantemente, en un ir y venir que nos va enrollando y desenrollando la historia, una historia que difícilmente podría contarse de otra manera, porque como toda historia bien entendida, necesita de la perspectiva del tiempo.

Para aquellos que desconocen la experiencia de vivir en un régimen totalitario, o de haberlo experimentado muy de cerca, si se animan a leer esta novela, probablemente, y lamentablemente, la entenderán como de género policial – ficción, porque el hombre siempre se resiste a aceptar el alcance de la degradación humana, sobre todo cuando esta se ha engendrado bajo la protección de una ideología con fines humanitarios.

 

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Candela

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 Candela

A mi amiga Belkys Rodríguez

 

Yolanda necesita extirpar una parte doliente de su cerebro, teme que haga metástasis y termine afectando otros comportamientos suyos que siempre han sido ejemplares, debe ser una intervención limpia y el asunto es de urgencia. Anoche, entre las horas de insomnio, en la confusión de la noche y las telas de araña, se dio cuenta de la gravedad del asunto y comprendió que la única solución era amputar, cortar, extraer la zona dañada, nada de pastillas sedantes, eso son sólo paliativos. Cuando entendió que la salida a ese dolor punzante y fastidioso era una limpia cirugía, decidió hablar con su amiga Belkys, conoce de sus recetas, cocinadas en los calientes fogones de su casa y, aunque raras, muy eficaces. Le pidió, por favor, que buscara en su enciclopedia farmacéutica o que preparara especialmente para ella un tratamiento fulminante. Belkys, además de contar con profundos conocimientos de gnomos, hadas y brujas, es mujer, así que entiende la anatomía femenina y sabe perfectamente la coordenada exacta donde se incrusta la viruta metálica que perfora la masa encefálica de Yolanda; origen de tantos dolores.

Cuando Yoli le cuenta, Bi la mira muy seria y le dice: – hija mía, tú lo que necesitas es cocimiento de olvidásea combinado con un tratamiento de choque para mejorar las defensas. Y Yoli insiste en la extirpación, que ya está de cocimientos hasta el moño.  No, no  - responde Bi -. La cirugía es siempre una intervención violenta, es mejor el cocimiento, eso duerme, duerme las malas hierbas; pero es sano tenerlas en el jardín. Aunque tampoco hay que dormirse en los laureles, así que lo vamos a combinar con un tratamiento de auto hemoterapia, tus defensas tienen que estar en alerta.

Esta vez Yoli la mira no muy convencida, la viruta incrustada en algún sitio de su masa encefálica es de acero inoxidable. Pero Bi nunca la ha defraudado, así que ante su desesperación, cómo no aceptar esa mano sabia que le tiende.

Ya está Belkys entre hornillas y cazuelas, echando manojos de hierbas de aquí y de allá. Múltiples recipientes plásticos cuidadosamente etiquetados: olvidásea, recordásea, ojo por ojo, carmasita, yuyo, envidiensis, y un sin fin más. Ella siempre dice que todas son buenas, que el truco está en la dosificación, que ahí está la sabiduría del brujo, a Yoli le parece verla con la escoba entre las piernas y la sonrisa malévola entre los vapores del hervor. Para no perder la costumbre, Yolanda busca entre los discos de música y encuentra uno animadito, así que de pronto irrumpe en el salón Willy Chirino con su himno de la libertad, y vengan los pies de Belkys y los de Yoli a moverse a ritmo de salsa y cantando: que todo el mundo lo está esperando, ya viene llegando. Los vapores han invadido también el salón, que va tomando el aspecto y la temperatura de una sauna; pero no dejan de bailar y gritar: Cuba, ¡libreeee! Y ahí que de repente suena otro tema, donde el Willy se pone claro, rotundo, sabio, y se ven cantando con él: yo no quiero piedras en mi camino, echa pa’ ya, vete de mí. Las tapas de las cazuelas saltan movidas por la presión de los humos y parecen parte de la orquesta. Los olores indescifrables inundan la casa, y Yoli siente que se descongestiona, el aire le llega pleno a los pulmones y multiplica sus energías, y la música no viene ya del  exterior, sino que sale de su cabeza, siente el collar de Clodomiro titilando en su garganta. No paran de reírse y sudar – ¡Qué maravilla la vida! -. Belkys la mira con sorna, te lo dije Yoli, hay que darle candela al jarro hasta que suelte el fondo.  Y aquello fue como ponerle la tapa al pomo, Yolanda, en sus hervores, salió como un tren en marcha cantando al son del Willy – Abre que voy, a mi no hay quien me pare…

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